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6.24.2011

¿Por qué el amor?, Naj. Lii


Porque te busco, porque te quiero, porque te invento, porque te sueño, porque te extraño

Solíamos vernos cada atardecer en el mismo lago junto al puente viejo que nos aguardaba cada crepúsculo, que nos buscaba en aquel cálido verano. Cuando te conocí.

Bajo nuestro árbol guardián, el que conocía todos nuestros secretos, nuestros tragos amargos y dulces, nuestros anhelos y nuestro futuro. El que nos vio crecer. El que me vio ese día.

Tu gélido tacto era magnifico cuando la temperatura aumentaba, es tan reconfortante, tan tuyo, con aroma a aurora boreal. Tu cabello, delicado que enmarca tu cara perfecta, tu belleza facial, me atrapó desde la primera vez en la obscuridad de su alma.

Y en invierno tu nívea piel brillaba junto a la nieve más joven; la boina gris de tu cabeza resaltaba aun en la tarde más agitada y poblada de la ciudad, cuando el blanco de la estación la vestía día a día con esa fina elegancia tan suya.

El agua de Kajaani se congeló y ahí pasábamos horas junto a la inmovilidad de sus aguas, pensando en el sol de media noche, en las noches blancas que disfrutamos en lo que fue la plaza roja, en la que algún día –sin saberlo- me arrancaría el corazón.

Nunca lo sospechamos, ni tú de mí, ni yo de ti.

No podía ser más feliz que en aquellos días, no pedí más, al fin estaba completo. Mi alma no buscaba nada en mi soledad, mi esperanza había dejado de lado a la muerte. Ahí estabas tú, ¿qué más podía desear? ¿a caso el amor no había sido ya demasiado bueno?

De pie, a mi lado, mi obscura estrella brillaba. Mi tristeza había olvidado mi existencia, mi eternidad comenzaba a mostrarme el elixir de nuestro pacto.
Ella era de los míos.

Jamás le cuestione sobre su ocupación, me alegraba tanto que pudiéramos pasar las 32 horas al día juntos. Inclusive tú tampoco me lo preguntaste, es que quizá nuestros corazones no lo querían aceptar, negaban la posibilidad de que algo como lo nuestro pudiera existir. No lo quiero saber.

Yo ya no quería dedicarme a eso, supongo que tú tampoco, por eso no le tomábamos importancia. Creí que ya no les volvería a ver, hacía años que no pasaba siquiera por ahí, de hecho no los recordaba.

Besé tus labios perfectos, tan fríos como siempre. Había decidido darte la llave de mi alma para que la guardaras en la tuya y tú me darías la tuya para formar nuestro círculo de amor sempiterno.
-A prueba de nuestra misma eternidad- Nuestros corazones yacían en Kajaani, quien cuidaba de ellos mientras finalizábamos la fusión de almas, la miríada.

En plena noche de luna realicé el conjuro, sin embargo mi alma no respondió. Mi hada me recordó mi pasado.

No pude escapar, mi llave la tenían ellos. ¡cómo haberlo olvidado! Bajo artimañas y el hechizo de muerte me habían despojado de ella. Si la quería de vuelta, debía hacerlo. Te amo y por ti lo haré, sólo tengo 4 días o nuestros corazones morirán en el silencio del dolor perenne.

Casi no demoraron. Lo sabían, me odiaban.
No podía dejarte, había estado esperando por ti y jamás me daría por vencido. Jamás, a si me costara la vida. Pero eso ya no sería importante, al final lo descubrí.

Realmente nunca nos dijimos nada de eso, porque estaba prohibido, esa identidad no podía ser revelada, pero yo te lo diría tan pronto como consiguiera darte mi llave. De esta forma no tendría que usar palabras, no habrían secretos, nos escucharíamos tal y como lo pensáramos o lo sintiéramos. Me conocerías totalmente y yo a ti.

¡No te puedo hacer eso! ¡no quiero!
Ahora estaba en un dilema. Debía hacerlo.

“Soy yo, hoy vengo por ti, huye de mí.
Su presencia final marcó el día fatal, él si tiene piedad. Ese encargo mortal no lo puede cumplir, no puede destruir a su único amor.

A las 6 volveré, no quiero verte más, huye pronto de mí, vete a otro lugar. A partir de ahora no confíes en mí, no te quiero encontrar, comienza tu final.

No volveré, sólo un recuerdo en tu vida seré. Por el mundo escaparé, no podrás hallar mi alma nunca más, no me encontrarás. Pero hasta cuando estaré escapando así, hasta cuando podré olvidarme de ti. Es tan triste, mi amor, escapar sin tener una meta, un hogar, no volver a lograr vivir sin temor.

Ya no hubo lugar donde pudiera ocultar su olor, su preciado valor, ¿qué podía hacer con su dolor? Al final del sol con él se encontró ya estaba cansada de correr”, no por fatiga –ellos no se cansan- no quiso escapar, no más.

-Mátame si es tu deber-

Ambos con lágrimas en los ojos se vieron como lo que nunca habían querido aceptar. Clanes de eternos rivales, ella de los Flumina, él un Regnum, los rastreadores eternos sin alma, asesinos. Si algún Regnum se enamorase de una Flumina, debía cortar el lazo. Debía perecer en sus brazos.

Tuvo que terminarlo, el deber mortal no podía esperar. Presionó su pecho, el dolor aumentaba más y más y más.
Vio al cielo negro y le confesó lo mucho que lo amaba. Él no podía con tanto pesar, con tanto sufrimiento, él aun la amaba, sabía que era su alma gemela, por quien había esperado ya un siglo.

Sintió algo tibio que recorría sus manos, sus brazos y poco a poco caía al suelo. Sangre de doncella había bañado su regazo. Y ahí en medio de la nada con veinte pares de ojos supervisando el final, se preguntó ¿por qué el amor? ¿por qué duele tanto hasta la muerte?

Inspirada en la canción Orix tiem mortum dae, carnarium.

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